La sauna tradicional en Finlandia se tomaba históricamente en una cabaña con una estufa de fuego de leña. Se combinaba la sudoración en la sauna con el frío exterior. Hoy en día la tomamos en todo el mundo, adaptada a los nuevos tiempos y espacios; en hogares, centros de bienestar, hoteles o gimnasios.

En ella se consigue una gran sudoración que estimula la eliminación de toxinas, lleva a un estado de gran relajación y ayuda a conciliar el sueño, entre otros beneficios.

Son muchos los estudios que demuestran la utilidad de la sauna para la salud, tanto del cuerpo, como de la mente. Algunos con conclusiones espectaculares, como el que prueba que tomar de 4 a 7 baños de sauna a la semana reduce el riesgo de padecer demencia y alzhéimer en un 65%.

Los estudios y la experiencia han demostrado sus indudables beneficios también para el deportista: recupera la musculatura después del esfuerzo físico, ayuda a prepararse para el ejercicio y a mantener el cuerpo en plena forma.

En una sauna moderna la temperatura se regula entre los 55 y los 100 grados. Como en la tradicional, se puede compensar la sequedad ambiental y aumentar temperatura y humedad añadiendo agua al calefactor.

Como bien sabían ya los ancestros de los finlandeses, el contraste térmico es un aspecto fundamental de la experiencia de la sauna y cuando no hay nieve en el entorno, una sala de hielo es la alternativa ideal.

La sauna es también un lugar de encuentro, para equipos deportivos, grupos de directivos o amigos; para planear estrategias, cohesionar el grupo o simplemente pasarlo bien. El modelo Round de Inbeca es la más indicada para favorecer la comunicación de grupo.

Cuando el ajetreo del día a día nos deja poco tiempo para hacer un reset en la naturaleza, una pausa de mindfulness en una sauna nos conectará con nuestro ser natural, para volver a por todas con las pilas recargadas.

Tener una en casa, en el jardín o en la terraza, es sin duda garantía de salud y bienestar para toda la familia y un motivo de encuentro con familiares y amigos. En un exterior coge el relevo de la piscina cuando llega el frío o puede convertirla en el agradecido contraste térmico al salir de la sauna.

Como para gustos no hay nada escrito, combinar la sauna con el baño de vapor es una opción ganadora para contar con los beneficios de una y otra opción y satisfacer a todos. El modelo Wellhome de Inbeca, cuenta también con ducha de sensaciones y se puede configurar en distintas medidas y acabados.

¿Pero, cómo se toma una sauna?

La sauna está indicada para todo el mundo, a excepción de niños muy pequeños y personas con enfermedades graves, heridas abiertas o problemas cardíacos. Pero para quien nunca la ha experimentado, es bueno empezar poco a poco para ir acostumbrándose. Y ante cualquier duda, consultar al médico.

Se empieza con una temperatura moderada, que se puede ir aumentando con el termostato o tirando agua al calefactor. No hay reglas para determinar la frecuencia con la que se tiene que tirar agua al calefactor. Podríamos decir que cuando nos lo pida el cuerpo.

En cuanto a la postura, cada quien encontrará cuál es la que le resulta más cómoda. Pero si se opta por la posición tumbada, es importante levantarse despacio y esperar un momento antes de ponerse de pie.

En cuanto a los tiempos de permanencia dentro de la sauna, lo recomendable es no superar los 15 minutos e ir alternando con breves sesiones de contraste térmico en una pileta de agua fría, una sala de hielo o una ducha de contraste térmico. Tres intervalos de unos 15 minutos son una buena opción. Las reglas no son estrictas, de hecho, lo más importante es que cada usuario perciba como se va sintiendo y se adapte a su ritmo.

Dado que al sudar se pierde mucha agua, es importante hidratarse bien con infusiones, agua o zumos ligeros.

Una vez terminada la sesión, lo recomendable y más placentero es tumbarse en una tumbona -que puede ser de infrarrojos-, durante unos breves minutos, hasta que sintamos que nuestro cuerpo recupera su estado normal.

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